sábado, 15 de abril de 2017

PROFECÍA



...el escenario del teatro estaba en penumbra. No quedaba ninguna butaca sin ocupar. El, semidesnudo, sobre un taburete, miraba al suelo sin pestañear. Tras unos minutos de silencio absoluto, de expectación y casi tensión, las dos primeras gotas resbalaban por sus mejillas y al poco otras muchas, formando dos minúsculos arroyuelos.

El público comenzó a aplaudir enfervorecido y a lanzar exclamaciones:

-¡Era cierto! ¡Era cierto! ¡Las Escrituras no mentían!

Desde aquel el último profeta, muerto a manos del pueblo más de mil años atrás, nadie había observado nunca una sola lágrima humana.

La compañía de teatro nunca repitió aquella función.


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